miércoles, 18 de mayo de 2011

capítulo 10


Raquel se sienta, está muy aturdida por las palabras de su esposo:
--¿¿qué dijiste?
Wenceslao la mira serio:
--ya me oíste no me lo hagas repetir. Sé que es duro para ti pero es la realidad.
Raquel se muere de rabia:
--un hijo, al fin te has salido con la tuya y vas a tener con otra el hijo que yo no te pude dar.
--No es eso. Yo no lo planeé.
El rostro de la reina se llena de odio:
--¡¡entonces esa cualquiera lo planeó todo¡¡¡y es que los hombres son unos tontos, os dejáis enredar de la peor manera¡
--No, ella no es así. Yo le dije que no iba a hacerme cargo de su hijo y ella lo aceptó, me dijo que se iba.
--¿y entonces?¿porqué cambiaste de opinión?
--Porqué en el camino me di cuenta que estoy enamorado de ella.
Raquel se muestra dolida pero lo que más le duele es perder el poder, no a él:
--¡¡no me puedes hacer esto, yo te lo he dado todo¡¡tú. --duda lo que va a decir-- eres el amor de mi vida.
El rey ríe con amargura:
--no mientas, no ahora. No tiene caso. Entre tú y yo hace mucho que dejó de existir el amor.
--Aún así, piensa en el escándalo.
--Yo siempre hice lo que se esperaba de mí y ahora quiero hacer lo que me dice mi corazón y no quiero perder a Majú.
--¿Majú?¿la modelo?
--eso no importa.
--bueno, ya que me vas a dejar por esa tengo derecho a saber quién es la que ahora tiene tu corazón.
--si es ella. Y ahora no me quiero entretener, tengo que ir a buscarla, no quiero que piensa lo peor de mi, quiero que sepa que lo voy a cumplir, en cuanto Emilio y Guillermo lleguen de su viaje diremos la noticia.
Raquel está casi en shock:
--todo esto no puede estar pasando.
--Raquel, yo te agradezco que hayas sido una buena reina pero…
La reina lo interrumpe:
--¡¡pero me echas como un perro y ni te preocupa que tu hijo no esté preparado para desempeñar su papel de rey¡¡
--sí, lo sé pero yo estaré a cerca aconsejándole.
Raquel se lleva las manos a la cabeza:
--¡¡todo esto será un escándalo¡
--abdico para que el escándalo sea menor.
--¡¡sí pero ¿¿qué será de mi?¡
--bueno tramitaremos el divorcio en los mejores términos. Eso ya lo discutiremos después pero que abdico abdico.
Raquel se resigna:
--está bien, será lo que tú digas.
--Te lo agradezco aunque sería igual si te opusieras.
La reina hace un esfuerzo para controlar su rabia. El rey insiste en irse.
--sí que tienes prisa en ir a ver a esa mujercita.
--Ya te dije, estoy arrepentido de haberle dicho que no voy a ocupar de nuestro hijo y quiero verla en seguida.
--está bien, no te retengo más.
Wenceslao iba a ir hacia la puerta pero la reina lo llama.
--¿y ahora qué quieres? --le pregunta él.
--que seas discreto a todo esto, que no hables ni con Enrique de lo que vas a hacer, espera a que estén tus dos hijos para enfrentar todo esto.
--como quieras.
El rey se va ansioso, el rostro de la reina se llena de odio y lanza un pesado cenicero a la puerta:
--¡¡idiota¡¡estas muerto, muerto¡¡¡No vas a ir a hablar con esa pérdida ¡¡no¡¡
Muy decidida la reina hace una llamada. Habla con su hombre en confianza y le encarga que acabe con el rey. El hombre se niega al principio, la reina le ofrece mucho dinero y le promete aún más.
--es mucho lo que nos jugamos, usted me dijo que haría lo que fuera por mi.
--si es que una cosa es conseguirle amantes y otra matar.
--usted no tiene que matar a nadie. Tiene que parecer un atentado de nuestros enemigos ¡¡es algo que puede pasar¡¡vamos a perder mucho si no hace esto y tiene que ser ahora.¡¡
--pero estas cosas necesitan preparación.
--yo sé que sus hombres son de lo peor así que sólo tienen que buscar al rey, usted sabe como localizarlo pero el rey no puede llegar a sus destino. ¡¡rápido¡¡
Luego la reina hace otra llamada y es que pide a los servicios de seguridad que no dejen salir del país a Majú en caso que sea cierto que se vaya a ir. Alexander toca la puerta tímidamente:
--puede pasar?
La reina se calma al ver al guapísimo hombre:
--si pasa, claro.
Y lo abraza.
--¿pasa algo?
--será mejor que no lo sepas. Tú estás aquí para complacerme no para hacer preguntas.
El irlandés besa en el cuello a su amante que se rinde a sus encantos.

Wenceslao está en su lujoso auto. Piensa en Majú:
--la sorpresa que le voy a dar a mi Majú. Espero que no se haya ido y sino la voy a buscar. La encontraré dónde sea, pero haremos un futuro juntos.
Tiene tentaciones de llamarla pero no lo hace:
--algo me dice que me está esperando y lo que le tengo que decir. Mejor de sorpresa. Le tengo que pedir que se case conmigo.
Los hombres que ha contractado el secuaz de Raquel han actuado rápidamente. Sabiendo el recorrido del rey le preparan una encerrona en una calle desierta. Dejan en medio de la carretera una pequeña bomba que no se ve pero se hará sentir y a distancia. Primero pasan por encima el servicio de seguridad de motos y auto y luego el rey y es cuando hacen estallar la bomba. El impacto es brutal para el rey y para sus guaruras. Todo salta por los aires.





Enrique se estaba duchando cuando algo oprime su pecho y resbale. Sale de la bañera totalmente desnudo y mojado. Se tumba en su cama.
--¿¿qué es lo que me pasa?¿qué?
Rósula irrumpe en ese momento de golpe. Está sería pero no ha querido perder la ocasión y es que sabía que el guapísimo chico estaba en la ducha y su esperanza era esa: verlo como más le gusta. Lo devora con los ojos. Enrique se cubre con una almohada y se levanta:
--¿¡¡qué haces aquí??¡¡¿¿¿cómo te atreves?? ¡¡no eres más que una ramera¡¡ vete¡¡
Enrique aguanta la almohada con una mano y señala la puerta muy molesta. Ella finge dolor aunque lo único que le mueve en ese momento es el deseo. Quiere ser reina pero también quiere tener en la cama a ese joven que le gusta tanto.
--serás para mi, para mí --piensa ella mientras no se pierde detalle de la casi desnudez de él.
Enrique está furioso:
--¡¡vete, a que esperas¡¡¿¿qué es lo que quieres, perra?¡¡ ¡¡sí lo que querías era verme desnudo ya me viste¡¡vete¡¡me das asco¡¡
Con un dolor fingido la princesa dice:
--eres injusto conmigo. Yo vengo a decirte que tu querido padre, mi adorado primo acaba de morir.
A Enrique se le hiela la sangre:
--¡¡que tontería es está¡¡¡estás loca¡¡
--ha sufrido un atentado horrible. Tu madrastra pobre... está deshecha.
Enrique tira la almohada y no le importa el gozo con el que Rósula lo mira. Se pone una bata y baja a la sala gritando.
--¡¡Raquel, Raquel¡¡
La Reina ya está enlutada y con todo un dolor inventado encima. Alexander a su lado.
--¡ya era hora que bajaras y que haces así¡¡te tienes que arreglar para dar la noticia a nuestro pueblo, la prensa ya llega¡
Enrique casi no se sostiene en pie. Rosula lo sostiene con mucho gusto. Al muchacho se le ha abierto la camisa y a la reina le gusta mucho lo que ve. Mientras se finge una viuda afligida lo devora con la mirada mientras piensa:
--va a ser un gusto seguir siendo la reina y tenerte en mi cama.
Enrique se ha quedado de piedra. Unas lágrimas asoma por sus mejillas:
--mi padre ha muerto?
Raquel llora muy teatreramente:
---¡¡sí, sí. he perdido al único amor de mi vida¡¡me quiero morir¡
Y la viudita aprovecha para abrazar con gusto a Alexander mientras que Rósula acaricia con deseo a Enrique que aprieta el puño con rabia.

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