miércoles, 25 de mayo de 2011

capitulo 40


Pippa recobra el conocimiento. Está tumbada en la cama:
--¡gracias mi amor¡¡gracias¡
Aurelio la besa en la mano.
--¿de qué hablas?
El doctor está al lado de la cama:
--yo creo que usted está embarazada.
Esa noticia derrumba a Pippa:
--¡¡eso es imposible¡
Aurelio hace el que no sabe:
--¡¡no nos cuidamos¡
Aurelio despide al doctor y Pippa sigue haciendo su maleta.
--¿¿qué haces? ¡¡no puedes irte de aquí con mi hijo¡
--¡¡que no espero un hijo¡
--vamos a la farmacia, compramos un test y salimos de dudas. Porque si estás embarazada no sales de aquí.
Pippa está segura que no está embarazada. Aurelio corre a la farmacia, le compra un test. Pippa se lo hace para que la deje tranquila y da positivo. La felicidad de Aurelio es la desgracia de ella. Pippa se derrumba:
--porque ahora, porqué.
Aurelio besa las manos de ella que lo mira con dolor:
--un hijo es lo más grande. Lo más bello. Gracias, gracias por este regalo. Llega en el momento más adecuado porque nos va a unir.
--¡no¡
Pippa abre su cajón y toma las pastillas:
--¡¡he estado anticonceptivas¡¡voy a mandar analizarlas y denunciaré a la empresa¡
Aurelio la mira como si no tuviera importancia:
--yo las cambié.
--que?¿porque hiciste esto?
--tú me hiciste creer que no te cuidabas.
Pippa siente que el mundo se le cae encima y bofetea a Aurelio:
--¡¡eso no te daba derecho a obligarme a tener un hijo tuyo¡¡
--¡¡soy tu esposo, tengo derecho¡
--¡¡sólo yo podía decidir eso¡
--¡¡no importa. Me vas a dar un hijo y te guste o no te tendrás que quedar a mi lado¡¡
Pippa está furiosa:
--¡¡un hijo no me ata y después de lo que has hecho más que nunca tengo la excusa de dejarte¡¡
--¡¡no me puede dejar. Él no te va a aceptar con mi hijo¡
--¡¡mejor sola que con un miserable como tú¡
--no te queda de otra, tienes que estar conmigo. No me puede dejar. Es mi hijo el que llevas dentro y no me lo vas a quitar.
--¡un hijo que tú me obligaste a tener¡
--no importa.
Pippa hace una rápida maleta furiosa:
--¡¡ninguna ley me obliga a estar a tu lado¡¡
--¡¡y ninguna ley me obliga a darte el divorcio¡¡
-¡pues no nos divorciamos pero no te quiero volver a ver¡
Pese a todo, Pippa agarra su maleta y sale de la casa. Aurelio está desesperado. No puede creer que ahora que lo iba a tener todo se quede sin nada le ruega pero ella lo odia demasiado. Justo cuando ella sale por la puerta él grita:
--¡sólo serás su amante y él se acabará cansando de ti. Con un hijo de otro y casada¡¡jamás te tomará en serio¡¡
Pippa baja el ascensor hundida pensando en esa felicidad que sintió con Enrique y que ahora quería recuperar pero no sabe qué pasará cuando él sepa que espera un hijo de otro.

Tras la abdicación de Enrique y Emilio, todo está listo para la entronización de Guillermo.
--¿puede entrar?
Guillermo es simpático con Emilio. Emilio siente dolor:
--no tienes que fingir.
--no seas así conmigo.
--tú rompiste todo lo bueno que podía haber, ya tienes lo que querías.
--porque lo has hecho? Yo pensé que te querrías vengar de mí.
--ya te dije. Quiero tu felicidad. Aunque tú jamás me hubieras hablado yo habría hecho lo mismo. Todo lo que has hecho te ha ensuciado y no te sirvió de nada.
--Pero no me arrepiento porque te hizo feliz.
--Ya no tiene caso que finjas.
--te juro que ahora no estoy fingiendo.
--pero yo no te puedo creer –dolido.
--lo sé. Y no sabes cómo me gustaría que las cosas hubieran sido diferente entre nosotros.
--y a mi también.
Emilio tiene su maleta preparada:
--¿te vas?
--desde hoy tú vivirás aquí. Yo me iré a un hotel.
--¿te vas con tu hermano?
--no, no quiero que cargue conmigo. Además él estará con esa mujer, la amante de mi padre, y su hijo.
Guillermo sonríe:
--no me digas que eres un hermano celoso? que ahora que vas a ser el pequeño tienes celo.
Emilio siente que Enrique ya no lo podrá cuidar como antes:
--eso no es tu problema.
--para mí siempre serás mi hermano pequeño.
--después de lo cachondo que me has puesto no podría verte como un hermano –le reclama con rabia.
Guillermo se siente muy incómodo:
--es que siempre me vas a echar en cara eso?
--No, no nos veremos más.
Guillermo agarra del brazo a Emilio que tiembla de deseo y eso lo lastima. Guillermo se muestra fraternal con él, quiere ocupar el lugar de su hermano.
--no lo acepto, vivirás conmigo.
--es que quieres hacerme mas daño.?
--quiero que aprendas a verme como un amigo y yo también haré lo mismo. Eso será nuestro trabajo, sólo así acepto ser rey.
--Ya te dije que no sólo es por ti. Yo no quiero ser rey y tampoco quiero verte.
--almenos vive en mi casa. Me sentiré más tranquilo.
--está bien.
Guillermo le sonríe y esa sonrisa que antes le excitaba ahora le causa dolor. Se va. Guillermo se siente por culpable porque Emilio lo ha dado todo por él y Guillermo lo ha hecho sufrir. No puede evitar que se le escapen algunas lágrimas al recordar cómo jugó con los sentimientos de Emilio.

Durante el discurso de entronización donde Guillermo promete que no habrá más cambios, no más escándalos y que no reinará solo.
--Estoy seguro que ella será la reina que Catonia espera. Ya que se ha preparado durante años y bueno, ya muchas veces la prensa habló de eso en el pasado. Sí. Yo amo a Rósula y aprovecho para anunciar mi boda con ella. Por el luto por mi madre será en la intimidad. Dentro de un mes.
Rósula se ha quedado de piedra. Guillermo extiende su mano y muy dulce le dice:
--ven mi amor, nuestro pueblo te espera.
Rósula se acerca a Guillermo. Lo mira sorprendida.
--no esperaba esto.
Guillermo la besa en la mejilla:
--Vas a ser reina. Te lo dije. Yo sería el que te haría reina.
Y mientras el pueblo los vitorea ella lo mira y llora. Él sonríe, está feliz aunque le duele que Rósula no lo ame no imagina que la chica está conmovida y su corazón empieza a latir por el de él. Emilio y Enrique están juntos, sonríen aplauden. A pesar de todo el dolor que le ha causado Guillermo, Emilio se siente feliz que su amado haya logrado lo que quiere. Guillermo gira la cabeza hacia donde está su primo y le guiña el ojo en señal de agradecimiento. Emilio suspira enamorado. Sus ojos se llenan de lágrimas. Enrique abraza a su hermano.

Dos días después. Enrique está caminando por el puerto, en aquel lugar donde comenzó todo. Recuerda con lágrimas en los ojos su felicidad con Pippa. De repente ella está allá, los dos buscando los recuerdos. Se sonríen. No dicen nada porque no hace falta nada. Se besan y sus pieles son las que hablan. Suben al yate de Enrique y sus cuerpos gritan, sus almas lloran al fundirse el uno en el cuerpo del otro.



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