miércoles, 25 de mayo de 2011

capitulo 17


Aurelio y Enrique tienen una pelea a muerte. Nadie se atreve a separarlos y hasta la policía es avisada pero como es lógico llegan tarde. Aurelio y Enrique son dos enemigos con la misma fuerza y la pelea es a muerte.
--¡¡malnacido, poco hombre¡¡ --grita Aurelio entre puñetazo y puñetazo.
Y Enrique le devuelve los insultos y los puñetazos:
--¡¡mide tus palabras, don nadie¡¡ ¡¡No sabes con quien estás tratando¡¡
Y aunque a él si le resulta familiar, Aurelio está demasiado ofuscado para darse cuenta que está golpeando al rey de Catonia.
--¡¡si, claro que sé quién eres¡¡ ¡¡un poco hombre incapaz de llevar a la cama a una mujer por sí mismo¡¡ ¡¡¡eres gay o qué¡¡?
Enrique se pone como loco, golpea a su rival con una patada en el estómago. Lo tira al piso, parece que ha ganado y lo golpea, lo golpea. Gente trata de separarlos:
--¡¡ya ganaste, lo vas a matar¡¡
Pero Enrique sigue golpeando a la pareja de Pippa:
--¡¡yo te mato desgraciado¡¡¡ ¡¡retira tus palabras¡¡ ¡¡Yo soy muy macho y tengo en mi cama todas las mujeres que se me pega la gana¡¡
Y de repente las cosas cambian y Aurelio se levanta y se lanza como un toro sobre Enrique al que tumba y al que mata con sus golpes. Ahora nadie dice de separarlos porque todos los presentes están a favor de Aurelio.
--¡¡Dale duro. Enséñale a este riquillo extranjero que a los españoles nadie nos quita a nuestras mujeres¡¡
Enrique parece que tiene la batalla perdida. Aurelio lo golpea como loco mientras le dice:
--¡¡Yo no necesito hacer chantaje a una mujer para que se acueste conmigo¡¡ ¡¡y tú te encargaste que despidieran a mi esposa para acostarte con ella porque de otra manera nunca la tendrías¡¡
A Enrique le da mucha rabia que Pippa le haya dicho que no, que todos se estén riendo de él y eso le da fuerzas para seguir golpeando a Aurelio. No parece que vaya a haber un vencedor ni un vencido. Los acaban en el piso, muy ensangrentados y casi sin fuerzas. Ni tienen casi ni aliento, ni se miran con odio porque les duele todo. Están unos segundos jadeando por el cansancio. Sin decirse nada. Los que han sido testigos de la terrible pelea no saben qué hacer. Luego, con un hilo de voz, es Aurelio el que le dice:
--no te acerques a mi esposa
--ella te contó?
--claro somos muy felices, no tenia porque ni contarme.
y a Enrique le duele pensar que es así. Cuando oye que va a llegar la policía, Enrique, aunque le cuesta, se levanta y se va tambaleándose. No quiere que lo vea la policía. Tiene miedo que lo haya reconocido y que se haga un escándalo. No se ha dado cuenta que un fotógrafo ha estado muy pendiente de él con su cámara bastante satisfecho de lo que ha conseguido. Aurelio lo ve irse:
--¡¡huye cobarde. Gallina¡¡
Y Enrique tiene ganas de volver por él y se gira con esa intención. Y Aurelio se iba a acercar por los excompañeros de su mujer lo retienen:
--¡¡ya déjalo ir! Mejor vete antes que la policía empiece a hacer preguntas y te metas en un lío¡
Aurelio y Enrique se miran con mucho odio pero cada uno se va por su lado.


Enrique llega al hotel. Se mira al espejo. Está lleno de golpes y heridas.
--¡¡maldito sea¡¡ ¡¡me las vas a pagar¡¡
Recuerda con odio las palabras de él de que nunca tendrá a Pippa:
--¡¡y ya sé cómo me voy a vengar¡¡ ¡¡Me voy acostar con su mujer. Ella se me va a regalar por gusto y todos y en especial ese imbécil se van a enterar y yo sé quien me va a ayudar¡¡
El guapísimo rey sonríe con cara de degenerado:
--seguro que hay algún periodista que está encantado de recibir una llamada anónima diciendo que Enrique de Catonia está en alta mar con una mujer. A ver qué cara se le pone a ese imbécil cuando vea a su esposa en todas las revistas en mis brazos como cualquiera otra mujerzuela. ¡¡a ver cómo mira a todo el mundo cuando toda la prensa vaya diciendo que su esposa es una puta¡¡
El odio y el deseo sexual hacia Pippa son su mayor empuje. Se empieza a desnudar y se mete en la ducha. Sus ojos son libidinosos.
--¡va a ser mía. Pippa va a ser mía¡¡
Y a ninguna mujer le había tenido tantas ganas como ella. Enrique está seguro que es por la rabia de que ella se le negó, por lastimar a Aurelio pero en realidad Pippa está metida en su corazón más de lo que él imagina.

Y a Pippa le pasa lo mismo. No deja de pensar en Enrique, en su mirada, en su cuerpo. Se estremece.
--¡¡¿¿que me está pasando?? ¿¿qué?
Y es que siente una fuerte corriente que lo atrae hacia él. No sabe si es una atracción o algo más. Pero es un sentimiento muy grande que jamás sintió por otro hombre. Ni siquiera por Aurelio. Es un sentimiento que quiere borrar de su alma:
--¡¡¡no, no puedo sentir nada¡¡ ¡¡nada¡¡
Pippa se siente muy culpable porque al no dejar de pensar en Enrique con gusto siente que engaña a su pareja. Además está la rabia que siente por el comportamiento de Enrique:
--¡es un cerdo. Es un cerdo¡¡
Y aunque lo quiere odiar no puede evitar vibrar al pensar en él. Suspira enamorada.
--Enrique.
Jadea sólo de pensar en él, de decir su nombre. Oye la puerta y en seguida se lava la cara para tratar de ocultar sus lágrimas, su dolor, su desconcierto.
--¡¡Pippa¡¡
La voz de Aurelio suena tranquila.
--estoy aquí.
Pippa si se ve nerviosa, se mira al espejo una y otra vez con miedo que su pareja se dé cuenta qué le pasa algo y lo que es peor, que piensa en otro. Y entra Aurelio, con sus magulladuras, con sus heridas.
--¿¿¿¡que te pasó?¡¡
--no nada. Me asaltaron.
Y Pippa encuentra una muy buena excusa para desviar la atención de su novio.
--¿¿que pasó?¿quien fue?¿cómo fue?
Aurelio se desabrocha la camisa, se tumba en la cama. Mira a Pippa con amor.
--No importa, ven. Ven a mis brazos.
Pippa se da cuenta que él pone la misma cara que cuando quiere hacer el amor y ahora que sólo piensa en Enrique no quiere estar con él.
--no, no puedo. Deja que te cure tus heridas.
Y aunque Aurelio no hace más que decirle que no importa, que lo abraza, Pippa lo cura y muy despacio. Cuando ya no puede atrasar más la cura, Aurelio la estrecha contra sus brazos y la besa. Es un beso que quema a Pippa y Aurelio se da cuenta que le repelen sus besos. Ella se aparta de él, se levanta de la cama. Aurelio finge que no se da cuenta de nada. Se saca los pantalones y tira a su chica a la cama. Ella no hace más que pensar en Enrique.
--ahora no.
Aurelio la besa muy amoroso:
--quiero hacerte mía. Quiero hacerte el amor.
Y Pippa no sabe cómo parar esas caricias que antes le gustaban pero ya no. Lo aparta.
--¡¡que te digo que no¡¡
Los dos se miran, ella de pie al lado de la cama. Él tumbado en la cama.
--¡¡¿¿que es lo que te pasa?
Pippa trata de disimular:
--es que estoy preocupada por mi trabajo.
Aurelio la abraza y ella no sabe cómo decirle que no soporta que la toca sin confesarle la verdad.
--yo tengo la solución a tus problemas. Cásate conmigo.
--¿¿cómo? –se esperaba cualquier cosa menos eso.
--No quiero que trabajes, quiero que te cases conmigo, que me des hijos. Esos hijos que tanto deseo ¡¡quiero cuatro¡
--¡¡no¡¡ --grita ella.
Él la mira triste:
--lo dices como si te diera asco. ¿Pasa algo?
--No es que.
Pippa trata de disimular pero no sabe qué decir.
--Nunca me dijiste que pasó, ¿porqué te despidieron?
--No por nada. Por una clienta loca.
Y Aurelio ya no puede fingir más:
--¡¡Mentirosa. Me contaron que fue por culpa de un tipo que se quiere acostar contigo¡¡¿¿¿es que te acostaste con él y por eso no me dices nada??
Pippa tiembla por la culpa:
--bueno es que yo….
--¡¡eres una perdida¡
--¡¡no pasó nada¡¡
--¡¡y porqué me mientes¡
--bueno es que yo… --balbucea ella.
Aurelio se da cuenta que está pasando algo y le dice:
--si no te has acostado con él ¡¡quiero que te acuestes conmigo ahora¡¡
--¡las cosas no funcionan así¡¡
--¡¡hablo en serio Pippa¡
Y él hace intención de abrazarla y ella lo bofetea. Él se pone como loco:
--¡¡eres su amante¡¡¿¿verdad?
Y Pippa mira con rabia a Aurelio y como no tiene la conciencia del todo limpia opta por dejar la casa:
--¡¡si te vas no vuelvas¡
Pippa, desde la puerta, mira a Aurelio:
--vendré a recoger mis cosas.
Y se va. Oye como Aurelio empieza a lanzar cosas contra la puerta. Pippa está en la calle, sin dinero, sin un lugar a dónde ir. No sabe qué es lo que tiene que hacer.

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