miércoles, 25 de mayo de 2011

Capitulo 29


Enrique no sale de su sorpresa por la confesión que le ha hecho su hermano. Emilio lo mira con miedo:
--estás enojado conmigo.?
Enrique acaricia a su hermano con mucho cariño:
--nooo, ¡claro que no¡. no tengo moralidad para juzgarte. Además, tú no has hecho nada de malo. ¿porque no confiaste en mí antes.?
--Me daba miedo que te enojaras. No quería que esto se supiera. Guillermo no lo aceptaría, no quiero perder su amistad. Yo nunca le voy a pedir nada. Me conformo con que sea mi amigo. Él es bueno conmigo. No le pido más, lo único que le pido a la vida es que ya que a mí no se me va a cumplir mi sueño de amor esto no les pase a las dos personas que más quiero en este mundo --habla con la voz rota por la emoción-- quiero que tú y Guillermo seáis felices.
Enrique abraza a su hermano llorando:
--Dios lo que habrás sufrido.
Los dos hermanos se miran llorosos. Se acarician.
--Yo no quiero que te preocupes por mí. Viendo a Guillermo a diario no me siento solo. Estoy bien, ahora eres tú el que me preocupas.
--pero me duele no vas a ser feliz nunca. Tengo miedo que lleves a Guillermo tan a dentro que no te lo puedas sacar.
Emilio se pone la mano en el pecho:
--lo llevo aquí a Guillermo lo voy a amar toda la vida y si él es feliz.¡¡Yo seré feliz si él es feliz¡¡
Enrique llora escuchando hablar así a su hermano:
--así que amas tanto a Guillermo como yo amo a Pippa.
Hay mucho dolor en la mirada de Enrique, no tanto en la de Emilio que nunca aspiró al amor de Guillermo.
--por suerte a ti la mujer sur tu amas te corresponde y en el peor de los casos Guillermo sería el rey y eso a él lo haría feliz porque se casaría con la mujer que ama, Rósula, y yo sería feliz viendo a él feliz.
--si me hubieras dicho esto antes tal vez pero yo no puedo decidir por mi hijo. Si yo abdico el rey de Catonia será mi hijo.
--No te preocupes por mi pero lucha por tu felicidad. La monarquía no se va a acabar porque tú te vayas. A lo mejor el pueblo no quiere un rey no nacido y quedaría Guillermo porque yo claro está abdicaría a su favor.
--tanto lo amas?
--Daría mi vida por él.
Enrique lo acaricia entre regañón y con cariño:
--no hables así. Tu vida es demasiado valiosa. No debes darla ni por él ni por mí que soy tu hermano y quien más te quiere ni por nadie. Yo no soportaría que te pasara algo.
--¿a caso tú no darías tu vida por Pippa?
--sí.
--No hay diferencia. Tú amas a Pippa con la misma intensidad con la que yo amo a Guillermo. La única diferencia es que tú puedes luchar por ella. ¡¡Yo no¡¡
Enrique se levanta, se seca las lágrimas.
--¿¡dónde vas hermano??¡
--a luchar por mi felicidad.
Enrique sale precipitadamente de la recámara. Emilio se queda sonriendo. Le gusta haber ayudado a su hermano a decidirse. Enrique se dirige a los aposentos de la reina decidido a no perder a Pippa aunque tiene miedo, aunque se siente obligado a quedarse, el recuerdo de los días en el yate están por encima de todo y quiere intentarlo, quiere ser un buen padre para el supuesto hijo de Raquel y vivir su amor por Pippa. Se acerca a los aposentos de la reina sin imaginar que su esposo está viviendo su noche de bodas con Alexander.

Pippa mira sorprendida a Aurelio. El guapo hombre la mira muy enamorado:
--¿qué me contestas? ¿nos casamos?
--ven, levántate.
--Yo te amo.
--pero es que han pasado muchas cosas. Ser madre ahora no está en mis planes..
Aurelio la acaricia:
--¿es que te importa ese tipo? Tanto daño te hizo? Ese rey sólo se burló de mí, fuiste su presa. Él me lo dijo. Apostó que se quedaría contigo, que se acostaría contigo y no me duele tanto el que te hayas revolcado en la cama con él unas cuantas veces que comparado a las veces que hemos hecho el amor tú y yo no es nada. Me duele que aún pienses en ese hombre que te enamoró sólo por diversión, por puro orgullo.
Y el odio de Pippa por Enrique se hace más grande minuto a minuto. Desearía pagarle con la misma moneda pero no le parece justo para con Aurelio:
--es que no quiero utilizarte.
--Yo me quiero casar contigo yo sé que te puedo hacer feliz.
Pippa duda. Sabe que las cosas nunca podrán ser como antes pero la herida de Enrique le duele demasiado:
--sí. Me caso contigo.
--mañana mismo?
--mañana?
--bueno, tú sabes que tengo un amigo juez. Si yo hablo con él mañana nos casa.
Y Pippa piensa en esas imágenes de la boda de Enrique:
--si yo me caso mañana. Enrique pensará que no me importa --dice para sí.
Y se recrimina que piense en él pese a lo que le hizo:
--ni que a él le importara que te cases con otro --dice para sí.
Pero Pippa se siente muy herida y necesita vengarse:
--sí, mañana mismo nos casamos.
Aurelio la abraza:
--¡¡gracias, gracias¡¡¡ya verás qué felices vamos a ser¡¡
Aurelio quiere irse de la suite pero Pippa lo mira coqueta.
--¿qué te pasa? --dice él.
--a poco no te apetece hacer el amor en una suite.
Él traga saliva:
--aquí?¿dónde te acostaste con él?
Ella se desnuda ante él. Pippa siente que así se está vengando de Enrique y Aurelio siente lo mismo. Hacen el amor y Aurelio no quiere darse cuenta que la entrega de Pippa no es auténtica, que mientras que él está gozando como una bestia ella sufre y llora por el amor de Enrique.


Enrique toca a la puerta de los aposentos de su esposa, la reina. Raquel está fornicando con Alexander.
--¡¡lárguense. Estoy ocupada¡¡ --dice la reina sofocada.
--¡¡Raquel, tengo que hablar contigo.¡¡es importante¡
Los amantes se sobresaltan pero la reina sigue sobre Alexander:
--no puede esperar?
--¡no¡ ¡¡tiene que ser ahora¡¡
Y Raquel se levanta excitada:
--¿¿y si quiere consumar el matrimonio? --dice para sí.
La reina le tiene demasiadas ganas a su guapo y joven esposo como para arriesgarse a que sea eso y no atenderlo. Con gestos hace señas a Alexander para que se vaya por el pasadizo secreto. Quiero estar a solas con Enrique. Le va a abrir. Medio desnuda. Él se da la vuelta.
--perdona, vuelvo más tarde.
Ella lo agarra del brazo:
--tranquilo, eres mi esposo. Podrías obligarme a hacer el amor y yo no me podría negar.
Él no se da cuenta que ella lo devora con los ojos. No la mira mucho incómodo por su desnudez.
--Yo nunca te haría pasar por eso.
--se te agradece --dice ella fingiendo sumisión pero consumida por la rabia y el deseo.
--Voy a abdicar.
--¡¿¿qué?¿qué?¡¡
--Estoy enamorado de otra mujer y quiero ser un tipo de la calle y vivir con ella. Mi hijo será el rey y tú la regente hasta que cumpla su mayoría de edad.
Los ojos de Raquel brillan. Ser la soberana absoluta de Catonia es más que un sueño, más de lo que esperaba pero no quiere demostrarlo.
--si es tu decisión --dice sumisa-- yo lo que tú me ordenes.
Enrique está muy alterado, piensa en Pippa:
--ya lo he decidido. Mañana salgo de viaje pero regreso en unos días para formalizar.
--como quieras --dice haciéndose la indiferente.
Enrique se va en ese momento y Raquel estalla en júbilo, desaparece por su pasadizo para celebrar con Alexander. Mientras Enrique y Emilio se despiden con un abrazo.
--suerte, te deseo lo mejor.
--lo sé. --dice Enrique sonriendo.
Los dos hermanos se abrazan.

Justo cuando sale de palacio, un fuerte temporal cae sobre Catonia y no es posible salir por aire. Ansioso, Enrique va en carretera. Llega al amanecer. Va al hotel con la esperanza de que Pippa sigue esperándolo y se desespera cuando le informa que se fue con un tipo que la vino a buscar.
--¡¡no puede ser. No puede ser¡¡
Desesperado y deseando estar equivocado, el guapo rey va al departamento de Aurelio. Llama y golpea la puerta. La vecina de al lado sale:
--¡¡pare ya que va a tirar la puerta¡¡no hay nadie¡¡
--¿¿y no sabe dónde están? Busco a Pippa--dice ansioso.
--Ella está con su novio, bueno a estas horas tal vez su marido.
Enrique mira a la vecina con el rostro desencajado por la sorpresa:
--¿¡cómo dice?¡
--pues eso que los vecinos Aurelio y Pippa se casan ahorita. Salieron hace rato. ¡hacen tan bonita pareja¡
Enrique siente que un puñal le atraviesa el alma. Sus ojos sangran.





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