lunes, 2 de mayo de 2011

Capitulo 4




A Enrique le duele mucho el dolor de su hermano. También se siente culpable por no haberse acordado de su cumpleaños. Lo mira muy triste. Lo acaricia fraternalmente:
--No digas eso hermano, no lo digas.
Emilio mira a su hermano con lágrimas en los ojos. Es un dolor que tiene clavado en el alma y del que nunca se había atrevido a hablar.
--llora mi hermano. Desahoga tu dolor. No te quedes con nada dentro. Nunca me hablaste de eso.
--¡¡es que no es fácil saberse culpable de la muerte de mamá¡¡
--¡no digas eso¡¡
--¡¡es verdad. Todos murmullan sobre eso, por eso papá me tiene manía, la bruja siempre me atacó con eso¡¡
--eso nunca me lo dijiste ¿porqué no me dijiste que esa mujer te atormentaba con eso?
Los dos hermanos se miran con ojos llorosos:
--porque también era tu mamá y sé que en el fondo me debes odiar por haberla matado.
Enrique acaricia las lágrimas de su hermano y con cariño pero regañón le dice:
--¡¡no vuelvas a decir eso, yo no te odio¡¡tú no pediste nacer, pasó y punto¡¡
--pero si no hubiera sido por mí, mamá estaría viva.
A parte de su dolor por la pérdida de su madre, Enrique sufre por el dolor de su hermano y trata de calmar a Emilio:
--¿crees que a mamá le dolió dar su vida por ti? A ella no le gustaría que tú te sintieras culpable de su muerte. Ella esté dónde esté será feliz si nosotros estamos bien.
--¡¡pero yo sé que todos me hacen de lado por eso¡¡
Enrique aprieta la mano de su hermano para darle fuerzas:
--¡¡no dejes que nadie te hunda, que nadie te culpe de algo que tú no pediste¡¡Yo estoy contigo. Yo te quiero mucho¡¡
Enrique, aunque sufre por su hermano, está feliz porque nunca habían hablado así.
--¿¿tú no me odias?
--¡¡no, para nada¡¡ --dice Enrique acariciando a su hermano.
--Yo a veces sí. Si yo no hubiera nacido…
Emilio no acaba la frase porque Enrique le dice:
--¡no digas eso. Según tengo entendido a mamá le dijeron que había problemas en el embarazo, de hecho creo que le recomendaron abortar¡¡Ella decidió que tú nacieras así que no tienes culpa alguna.
--si pero es que yo soy un desastre. El pueblo a ti te adora y en cambio yo les caigo mal, dicen que soy raro y que no me parezco a mamá. Incluso insinúan que es una pena que debí morir yo --solloza Emilio.
Enrique abraza con angustia a su hermano:
--¡¡los periodistas son unos asquerosos, yo no los soporto¡¡no hagas caso a nadie¡¡me tienes a mi y no necesitas nada más¡¡¡yo estoy muy contento que seas mi hermano.
--de no ser por mi --añade Emilio con ojos de sangre--tú hubieras conocido a mamá.
--pero no habría tenido un hermano y eso también me habría dolido mucho.
--¿de verás prefieres tener un hermano como yo a una mamá?
--a mi me hubiera gustado tener a los dos, no hubiera querido que tú no nacieras. Sácate esa basura de la cabeza. Yo te quiero mucho y me alegro tenerte como hermano y me gustaría estar más cerca de ti. Apenas hablamos.
Enrique pasa su brazo por el cuello a su hermano:
--Espero que a partir de ahora estemos más unidos, que me cuentes tus cosas, tus problemas. Recuerda que todo lo que quieras me lo puedes contar.
Emilio lo mira fijamente y Enrique se da cuenta que su hermano le quiere contar muchas cosas pero que no se atreve.
--¿hay algo que me quieres contar?
Emilio piensa en Guillermo pero no cree que su hermano lo vaya a entender. Hace que no con la cabeza. Enrique le da un beso en la mejilla muy cariñosamente:
--bueno, yo voy a dentro a ver que me dicen papá y la bruja –sonriendo a su hermano con complicidad-- y tú ya sabes dónde estoy. Siempre que tengas ganas de hablar con alguien, desahógate conmigo. Te hará bien.
Los dos hermanos se miran con cariño, Enrique se queda por su lado y Emilio se queda sentado en el banco. Piensa siempre en Guillermo, imagina mil y una historias de amor con su guapo y aunque sabe que es un sueño imposible porque nunca lo tendrá como hombre es feliz amándolo a la distancia.
--ojalá almenos pudiera ser su amigo. Hacer algo por él importante, algo que me tenga que agradecer. Ojalá la vida me dé la oportunidad de demostrar lo mucho que lo quiero.


Mientras en su residencia palaciega, Obdulia y Guillermo desayunan juntos en una gran mesa.
--¿sabes que día es hoy?
--claro mamá. La prensa no deja de recordarlo, un nuevo aniversario de la muerte de Reina Carlota.
--es el cumpleaños de Emilio.
Guillermo se sorprende:
--es cierto. Nunca me acuerdo. Yo creo que nunca lo he felicitado. Nadie lo celebra ¿no?
--¿y quién puede celebrar la vida de ese tonto? Todos lloran a la reina y todos lamentan el príncipe que nos dejó.
Guillermo siente compasión de Emilio:
--pobre Emilio. Debe ser muy duro que nadie se acuerde de su cumpleaños, que te menosprecien de esa manera.
--que bueno que lo ves así. Es tu oportunidad para tener al rarito comiendo de tu mano.
Le entrega un paquete:
--te compré un regalo para eso. Debe ser la primera vez que le regalan algo así que seguro que se muere de la alegría y no te negará nada que le pidas. seguro.
--pero Enrique lo quiere mucho. Yo creo que algo le debe regalar.
--que yo sepa no. La muerte de la reina es un tema tabú y mi hermano nunca quiso que se celebrara el nacimiento de Emilio. ¿Sabes que el nombre se lo puso la sirvienta que lo cuidaba? Nadie se ocupó de él, era un bebé que mejor no hubiera nacido. Ya era una costumbre que todos olvidaran el día de su cumpleaños, es que ni sé cómo me he acordado yo. No creo que a Enrique se le ocurriera felicitarlo pero en todo caso este año ni siquiera va a estar.
Guillermo está conmovido por la historia de su primo:
--me gustaría hacer algo por él pero tampoco lo quiero ilusionar.
--¡¡ese niño nació con el cerebro más que dañado. Nadie lo puede ayudar. Tú lo que tienes que hacer es tenerlo contento¡¡¡ha sido el único en no hacer vacaciones. invítalo un par de días a la casa que tenemos en la Costa Azul y incluso lo puedes llevar en nuestro yate, que te vea en bañador. Sé amable con él. ¡¡excítalo¡¡
--¡¡mamá.¡¡¡ --dice Guillermo escandalizado.
--que el se ilusione pero nada más. No hace falta que te desnudes como el degenerado de tu primo. Cada año tiene que hacer un numerito. Menudo rey quieren para Catonia. El pueblo a ti te quiere también. Estoy seguro que lo tendrás muy fácil para ser rey.

Por otro lado, Raquel está en su cuarto. Mira unas fotos que tiene escondidas:
--espero no haberme equivocado al elegirte a ti.
Entra en su vestidor. Mueve la cómoda. Toca unos ladrillos y se abre una puerta ventanilla secreta:
--que suerte que nadie sabía de este escondite que encontré por casualidad.
Primero camina de rodillas, pronto la estancia se hace más grande. Hay casi una segunda residencia en el subsuelo del palacio. Todo un refugio del que nadie sabe. La espera un hombre muy guapo.
--es él.
La reina mira a un nombre con pinta de fugitivo. Ella se acerca a él:
--eres más guapo aun que en la foto. Porque si estás tan bueno así de sucio, limpio serás una escultura. ¿entiendes mi idioma?
--un poco --dice el irlandés con acento extranjero.
La reina le pide al hombre elegante que se vaya y se queda sola con el guapo.
--¡¡desnúdate¡¡
El hombre se queda sorprendido. No hace nada.
--quieres volver a donde te saqué?
--No.
--pues si no quieres que en tu país vuelvas a lo de antes sé muy complaciente conmigo..
--¿qué quiere que haga.?
Ella lo devora con los ojos:
--que te desnudes.
él sabe lo que tiene y piensa aprovechar aunque nunca pensó que una reina se intensaría en él. Raquel se muere al verlo desnudito. Lo acaricia, lame su pecho:
--desnudo aún estás más guapo. A partir de ahora eres mi esclavo y harás lo que yo diga.
Se arrodilla frente a él muerta de deseo.

Emilio sigue sentado en el mismo lugar en el que lo encontró Enrique. De repente todo él se estremece:
--hola, me puedo sentar? --dice Guillermo simpático a un perplejo Emilio.

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