miércoles, 25 de mayo de 2011

capitulo 20


Pippa es subida a la fuerza a un barco. La encierran en un camarote. Allá la sueltan y grita golpeando a la puerta:
--¡¡déjenme salir de aquí¡¡
Se da cuenta que el barco se empieza a mover y que se adentran en el mar y golpea la puerta cada vez con más fuerzas:
--¡¡me las van a pagar. Me las van a pagar.¡¡
De repente se gira y se da cuenta que en la cama de matrimonio hay un corazón hecho de pétalos de rosas.
--¿qué es todo esto?
Además un precioso ramo de rosas con una nota. Pippa tiembla.
--¡¡no puede ser¡¡
Se estremece pensando en Enrique. En su mirada, en su cuerpo. Siente escalofríos de placer pensando que todo esto sea algo que ha preparado Enrique. Suspira enamorada. Por un lado tiene mucha prisa en abrir el sobre para descubrir si es Enrique el que está detrás de todo aquello y por otro lado tiene miedo de que no sea así. Con el pulso tembloroso y las mejillas enrojecidas abre el sobre y suspira enamorada al descubrir el contenido de ése.
--Perdóname, te amo. Enrique.
Pippa besa la nota pensando en el beso que le diera Enrique. Se acaricia el labio. Huele las rosas.
--yo también te amo. Yo también te amo.
Y la joven está tan emocionada que no se da cuenta que Enrique ha estado todo el rato escondido en el camarote atento a todo lo que hacia ella. Y Enrique lo que quería era que su orgullo de macho herido se sintiera halagado por saber que Pippa está a sus pies pero los sentimientos de ternura de la joven, sentimientos que jamás una mujer le habría procesado, se le han clavado en el alma de él. Se queda inmóvil. No es capaz de hacer nada. Se pone tan nervioso que mueve el brazo y esto hace que se le caiga un jarrón y Pippa lo descubre. Él traga saliva. La mira con miedo. Pippa sonríe enamorada. Él no se mueve y ella ya no se resiste. Se le lanza a los brazos y lo besa:
--te amo. Te amo.
Y Enrique se siente un miserable porque ha hecho todo esto para humillarla y en cambio ha caído en su propia trampa. Y aunque él quiere rechazarla se resiste. Ella lo ama y lo desea con todas sus fuerzas y está segura que eso es lo que quiere él. Siente como el guapísimo chico tiembla en sus brazos. Lo va tirando hacia la cama y él tiembla. Parece un adolescente en su primera vez. Pippa se lanza a la cremallera de él para descubrir lo más secreto de ese guapo chico que ella no sabe que es un rey y que sí sabe que lo ama y la tiene loca. Y Enrique la desea pero dice un ahogado:
--No.
Pippa le sonríe ya que se da cuenta que él está tan excitado como ella:
--es una broma no?
--No. Es mejor no hacer nada de lo que te puedas arrepentir --jadea él que no quiere hacerle daño.
Pippa sonríe, ve ternura en Enrique. Una ternura que le era desconocida hasta el momento.
--¿no quieres acostarte conmigo? creí que es lo que querías desde el principio.
Enrique está temblando:
--si bueno no. Es mejor que me vaya --balbucea nervioso.
Y Enrique se levanta de la cama. Va a salir del cuarto.
--Enrique --susurra ella.
Y sentir su nombre en los labios de ella lo hace estremecer. No se quiere girar porque se siente un miserable por haber hecho esto sólo con la intención de acostarse con Pippa para humillarla después. El amor que ella siente por él es algo que le gusta demasiado y no la desea lastimar.

Guillermo llega al palacio real. Los guardias no lo dejan pasar.
--¿y esto?
--son órdenes de la princesa.
A Guillermo le duele que Rosula le prohíba la entrada en el palacio, que no lo quiera ver pero está decidido a luchar por el amor de ella.
--¿de qué demonios hablan? ¡¡a mi nadie me puede prohibir entrar en el palacio¡¡¡ ¡¡No olviden que mi madre es la hermana del rey¡¡
--del anterior rey, por favor. Váyase.
Guillermo está furioso:
--¡¡como se atreven¡¡?
--por favor alteza. Nosotros sólo cumplimos órdenes. No nos meta en problemas.
Guillermo saca su móvil y empieza a marcar un número:
--¡¡pues ya están en problemas, en serios problemas¡¡
Emilio está tumbado en su cama triste cuando suena su móvil. Se ilusiona al darse cuenta que es Guillermo.
--¡¡me está llamando. Me está llamando a mi¡¡
Lo toma emocionado:
--hola ¿que tal?¿dónde estás?
Guillermo mira amenazante a los nerviosos guardias y dice:
--en la puerta. No me dejan pasar.
Guillermo pone el teléfono cerca de los guardias para que estos oigan los gritos del hermano del nuevo rey. Luego Guillermo espera sonriente. Emilio como una fiera defiende a su amor:
--¡¡que sea la última vez que hacen algo así¡¡Guillermo es más dueño de este lugar que la tipa esa¡¡ ¡¡es como si fuera yo que tengo todo el apoyo de mi hermano¡¡
Los guardias se disculpan. Guillermo pasa su brazo en los hombros de Emilio que tiembla de deseo y entran juntos. Emilio está excitado por estar pegado a su guapo primo. A Guillermo le duele estar jugando con sus sentimientos pero se da cuenta que su madre tenía razón y que es muy bueno tenerlo a su favor.


Enrique , por su lado, temblando se gira y se la encuentra a Pippa desnuda y él se queda quieto. Ella lo acaricia:
--no eras tan macho? –dice coqueta-- parece tu primera vez ¿y tú presumías de tener miles de mujeres?
Enrique sonríe con timidez:
--no tantas.
Pippa le acaricia el pecho mientras le va desabrochando la camisa. No entiende si él la desea tanto porque la rechaza:
--si no eres virgen porque me rechazas. ¿me Tienes miedo?
temblando y jadeando Enrique le dice:
--No quiero hacer daño, que te arrepientas de estar contigo.
--no me arrepentiré jamás. Lo que siento por ti jamás lo había sentido por nadie. Es un amor pleno, un amor hermoso sin condiciones y quiero vivirlo --ella le habla desde el corazón.
Enrique la mira y siente rico. Nunca había experimentado algo igual y le gusta. Cuando Pippa lo besa y nada lo puede frenar. Y Enrique se muestra apasionado pero también dulce. La explosión de placer en una unión perfecta es total y sublime.

Guillermo y Emilio están en el interior del palacio:
--gracias por tu ayuda. No sé qué le pasa a Rósula.
--es una perdida. No te merece. Si después de acostarse contigo te rechaza es que es de lo peor.
Guillermo se da cuenta de los celos de Emilio y le duele que hable mal de Rósula pero no lo quiere enfrentar. Con mucha dulzura dice:
--no hables así. Ella llegó a mí virgen. Lo que pasa es que está confundida. A ella la enseñaron desde niña que debía casarse con el heredero y ese no soy yo.
--Enrique nunca se casará con ella si sabe que antes estuvo contigo. Yo creo que debes hacer un escándalo, si se hace público que se te regaló puede haber presión para casarla contigo.
Y Guillermo está tentado pero tiene miedo a que Rósula pueda demostrar que nunca se acostaron:
--es que yo la amo de verdad, quiero que ella se dé cuenta de su error. Voy a hablar con ella.
Aunque lo atormentan los celos para Emilio es más importante la felicidad de su amado:
--si claro.
Guillermo sube y Emilio se pone muy cachondo por el pequeño pero bien formado trasero de él muy remarcado por los jeans del guapo príncipe. La puerta del cuarto de Rósula está cerrada. Él toca.
--¿quien?
--soy yo.
--¡¡vete¡ No quiero hablar contigo.
La joven está como loca:
--¡¡no me obligues a hacer un escándalo. Vete¡¡
--el que te puede hacer un escándalo soy yo y tu reputación puede quedar por el piso.
--¡¡vete al cuerno¡¡
Y Guillermo suplica:
--te amo Rósula. Hablemos.
Pero ella no quiere saber nada de él:
--¡¡vete¡
Guillermo se cansa de tocar. Se da golpes con la cabeza en la puerta:
--¡¡yo no me voy de aquí hasta que me abras¡¡
Guillermo se da por vencido. Se traga el llanto. De repente Emilio aparece por la espalda:
--toma. La llave.
Guillermo le sonríe. Le da un toque en el brazo que lo hace temblar de deseo y entra. Rosula se pone como loca:
--¿qué haces aquí?¡ ¡¿¿cómo te atreves?¡¡
--Emilio piensa que somos amantes y se lo dirá a Enrique. No tienes nada que hacer con él.
Rósula lo bofetea:
--¡¡no te saldrás con la tuya. Enrique será mi marido¡¡
--eres ambiciosa. Apuesto a que también te le regalaste a mi tío por eso él te protegía. Nadie creerá que no eres mi amante.
--¡¡sí lo harán porque soy virgen y eso lo puedo demostrar¡¡
--eres virgen? --pregunta excitado y aún más interesado en ella.
Ella no dice nada.
--tienes que ser mía --sentencia él-- sea como sea serás mía y si tú necesitas que sea rey pues lo seré.

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